miércoles, 15 de febrero de 2017

CEREZOS EN FLOR (Kirschblüten-Hanami), de Doris Dörrie




Una mujer con una gran carga a sus espaldas en forma de terrible secreto muere repentina e inesperadamente, y su marido trata de descubrir quién era realmente su esposa a través de su pasión por Japón. Quizás una de las pocas pegas que pueda tener esta película es que hay una ruptura demasiado evidente en cuanto a lo formal entre esa primera parte dominada por lo que sabemos con la protagonista y no podemos decir y el posterior viaje del anciano a Tokio, aunque ciertamente la realización no pueda escapar de la vorágine y el frenetismo de la capital nipona en comparación con el tranquilo lugar de origen del matrimonio alemán. Son dos formas de mirar y de sentir, pues el sosiego de la costumbre no puede permanecer inalterable frente al bullicio de las grandes capitales donde, por contrapartida, los protagonistas se topan con otras personas ajenas a sus hijos con los que acaban por compartir sus mejores momentos. Dicho de otro modo, compartir ADN no tiene por qué significar nada, ya que son de hecho los encuentros con la novia de su hija lesbiana o esa joven japonesa de nombre Yu que danza en un parque quienes acaban por mostrar el camino de lo que significa la verdadera familia, aquella que se elije y no con la que se nace, puesto que los hijos del matrimonio hacen válido ese dicho popular de “Cría cuervos…”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario