Exactamente los mismos errores que
destacábamos al principio del anterior artículo son aplicables a este producto.
Con una salvedad: que aquí los directores no son patrios. ¿Se habrán
contaminado al trabajar con un equipo casi enteramente español? Recursos
narrativos fáciles (no, perdón, facilones), diálogos novelescos (o
folletinescos, como se prefiera), situaciones dramáticas poco espontáneas,
dirección de actores pésima, un sonido directo de suicidio colectivo… Puede que
incluso lo peor sea ese espíritu episódico, donde las situaciones y peripecias
de los protagonistas casi siempre acaben por no encontrar continuidad en la
historia, rompiendo así la fluidez narrativa, por lo que el espectador acaba
por pedir que le libren de tanto esperpento. Incluso hay algo peor, y es ser un
espectador español que ha leído algún libro de Historia o ha visto algún
documental sobre los convulsos años 30 y 40, pues nuestra Guerra Civil y
nuestra postguerra están tan infantilmente mostrados (los anarquistas eran
todos muy buenos pero, por si nos tachan de maniqueos, ponemos a uno con
gabardina de cuero que va ejecutando aleatoriamente, a lo freelance; los fachas de bigotito son todos muy malos pero, por si
nos tildan de manipuladores, ponemos a un falangista «auténtico» con buen
corazón –aunque de “húmedas” intenciones, todo hay que decirlo-; etc.) que el
producto parece más un pastiche para convencidos que una aportación
constructiva para conocer nuestra Historia más dramática. Todo tan naif y tan arcádico para nuestras
conciencias como el cabecero de la cama de los protagonistas.
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miércoles, 15 de febrero de 2017
HOLLYWOOD CONTRA FRANCO, de Oriol Porta
Aprovechando este sugerente
título, Oriol Porta ha realizado un homenaje al escritor y guionista Alvah
Bessie, quien por sus ideales estuvo luchando en la Guerra Civil española
enrolado en la Brigada Lincoln. Su historia es inseparable de su ideología y
del devenir político y bélico del planeta (en general) y de los Estados Unidos
(en particular), pues sufrió represión durante el «maccarthismo», siendo uno de
los integrantes de los famosos «10 de Hollywood», los cabezas de turco de todo
el proceso de «caza de brujas». El producto final es un apasionante relato
vital e histórico por el que desfilan personalidades de antaño (la presencia de
un personaje como Hemingway resulta trascendental) y de la actualidad (Susan
Sarandon no se pierde una si le dan la oportunidad), con un amplio repaso a los
filmes realizados desde Hollywood y que tocaron parcial o totalmente la
contienda española, sirviéndonos de «cicerone» los siempre esclarecedores
comentarios de Román Gubern. De entre los mejores hallazgos, cómo el Régimen
logró censurar una producción hollywoodiense desde su mismo origen, es decir,
mientras se escribía en Estados Unidos, demostrando la connivencia que llegó a
haber entre ambos países y sus modelos políticos. Una obra que puede tornarse
en fundamental para todo buen cinéfilo, que le costó al realizador ocho años de
su vida y una ingente cantidad de tiempo y presupuesto.
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